NEUROBRANDING, TÚ MARCA PERSONAL, UNA MARCA ADICTIVA
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NEUROBRADING

Por naturaleza, los seres humanos admiramos a quienes se destacan en algún campo. Desde los deportes al mundo de los negocios, la historia de la humanidad está llena de grandes hombres y mujeres que marcaron un camino, un estilo o una visión, plasmando una nueva perspectiva que forjó el futuro.

Si pensamos en nombres como Bill Gates, Ángela Merkel, Mick Jagger o Venus Williams, nuestro cerebro relaciona a estas personas con una serie de valores que expresamos en palabras.

Inteligente, estratega, creativo, luchador… Son algunos adjetivos que usamos para describir a las personas que tomamos como modelo. Atributos que además vemos en las marcas que consumimos día a día. ¿Qué cualidades vienen a nuestra mente cuando pensamos en un automóvil marca BMW?, ¿qué tan probable es que pensemos en iPhone a la hora de comprar un teléfono a pesar que elijamos uno de la competencia?, ¿Por qué la mayoría de la gente prefiere a Coca-Cola respecto a Pepsi, a pesar de que nuestro cerebro indica que el sabor de esta última es más agradable? (LINDSTROM, 2009).

Si hacemos el ejercicio anterior pero aplicado a nuestros conocidos y amigos, ¿por qué preferimos trabajar con Pedro respecto a Julián, a pesar de que Julián parece tener un conocimiento ligeramente mayor sobre el tema?, ¿Elegimos a Juliana para trabajar como investigadora únicamente por su nivel de estudios?. Éstos son algunos casos del día a día donde pareciera que la lógica sucumbe ante estímulos y señales menos evidentes. No siempre el mejor candidato es elegido para un cargo, así como no siempre el menos hábil está destinado al fracaso. El creciente interés por definir el éxito o fracaso de las personas a diversos niveles ha hecho que una nueva rama de conocimiento emerja y se consolide: El branding personal.

Esta búsqueda hizo que se incursionara, además, en áreas que tradicionalmente se habían mantenido al margen del coaching y al estudio del liderazgo. Los aportes de las neurociencias empezaron a aparecer con fuerza, introduciendo una perspectiva totalmente diferente a lo que conocíamos sobre el comportamiento humano.

Si pudiéramos ser conscientes de las motivaciones detrás de las decisiones que tomamos y perfeccionarlas, podríamos entonces moldear nuestro futuro con comportamientos más inteligentes que nos acerquen a nuestro ideal de vida. Lo anterior no solo repercute en la forma como nuestro mundo interno cambia, sino que además se proyecta al exterior al poder desarrollar relaciones humanas de calidad.

El objetivo, sin dudas, suena ambicioso. La posibilidad de perfeccionar nuestras habilidades y llevarlas a un nuevo nivel no es sencillo, pues requiere tanto de la teoría como de la aplicación de la misma en acciones diarias, por lo cual requiere disciplina. Sin embargo, ser conscientes del potencial que reside en nuestra mente nos puede motivar a buscar estrategias que nos permitan llegar a nuestros objetivos, evitando errores que no proyectan nuestras cualidades humanas que en últimas dificultan la proyección de nuestra marca como seres humanos. Es una especie de viaje, que empezamos cuando tomamos la decisión de invertir en quizás lo más importante de nuestra existencia: Nosotros mismos.

 

BIBLIOGRAFÍA

LINDSTROM, Martin. Compradicción: Verdades y mentiras acerca de por qué las personas compran. Grupo Editorial Norma. Bogotá. 2009. Pag.28.

 

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